Los niños no nacen con estas aptitudes, nacen con el potencial para desarrollarlas.

La gama com­ple­ta de habil­i­dades con­tinúa cre­cien­do y madu­ran­do en la ado­les­cen­cia y has­ta la edad adul­ta tem­prana, entre los 25 y 28 años.

Las prue­bas que miden las difer­entes for­mas de las habil­i­dades de la fun­ción ejec­u­ti­va indi­can que comien­zan a desar­rol­larse poco después del nacimien­to, sien­do las edades de entre 3 a 5 una ven­tana de opor­tu­nidad cru­cial. El desar­rol­lo con­tinúa durante la ado­les­cen­cia y la adul­tez tem­prana.

Para garan­ti­zar que los niños desar­rollen estas capaci­dades, es útil enten­der cómo la cal­i­dad de las inter­ac­ciones y las expe­ri­en­cias que nues­tras comu­nidades ofre­cen a los niños for­t­ale­cen o bien soca­van estas habil­i­dades emer­gentes.

Este desafío es rel­e­vante en todos los nive­les educa­tivos, ya sea con niños o ado­les­centes y los es más con adul­tos-jóvenes, puesto que se están for­man­do par aun desem­peño pro­fe­sion­al futuro, adquirien­do habil­i­dades y destrezas indis­pens­ables para realizar las acciones vin­cu­ladas a su car­rera, en la que requerirán habil­i­dades propias de su futu­ra labor y  per­son­ales que los ayu­den a desen­vol­verse en un entorno cada vez más com­ple­jo de la sociedad mod­er­na.

Habilidades para la vida y el aprendizaje

La inves­ti­gación sobre el cere­bro en desar­rol­lo demues­tra que las expe­ri­en­cias en la infan­cia tem­prana con­struyen los cimien­tos de una fuerza de tra­ba­jo cal­i­fi­ca­da, de una comu­nidad respon­s­able y de una economía dinámi­ca. Sin embar­go, en los últi­mos años, en par­tic­u­lar luego de la pan­demia, se han detec­ta­do un sin­fín de situa­ciones que han afec­ta­do la esen­cia mis­ma de lo humano con­frontan­do a la muerte, así, exis­ten motivos sufi­cientes para pre­gun­tarse sobre el sen­ti­do mis­mo de la exis­ten­cia y de todo lo que con­ll­e­va el vivir y apren­der de una man­era difer­ente. Des­de el cam­po educa­ti­vo se ha percibido , par­tic­u­lar­mente que los estu­di­antes han sufri­do una afectación a niv­el cog­ni­ti­vo y emo­cional.

Por lo que la evi­den­cia reciente ha iden­ti­fi­ca­do un con­jun­to de habil­i­dades que son esen­ciales para el éxi­to esco­lar, para la preparación y adapt­abil­i­dad de nues­tra futu­ra fuerza de tra­ba­jo, y para evi­tar una amplia gama de prob­le­mas de salud públi­ca entre la población.

Si exper­i­men­ta­mos los ben­efi­cios fab­u­losos del cere­bro, como la habil­i­dad de reten­er infor­ma­ción y de tra­ba­jar con ella, de con­cen­trarse, de fil­trar dis­trac­ciones y de “cam­biar el chip”  como un aerop­uer­to con un sis­tema de con­trol de trá­fi­co aéreo alta­mente efec­ti­vo, capaz de ges­tionar las lle­gadas y sal­i­das de doce­nas de aviones en múlti­ples pis­tas, dare­mos her­ramien­tas exi­tosas a nue­stros alum­nos, a las cuales los cien­tí­fi­cos las refieren como capaci­dades de fun­ción ejec­u­ti­va y de autor­reg­u­lación, un con­jun­to de habil­i­dades que depende de tres tipos de fun­cionamien­to cere­bral: la memo­ria de tra­ba­jo, la flex­i­bil­i­dad men­tal y el auto­con­trol.